Bandera de Cuba
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Memorias de la Academia Naval del Mariel


Memorias de Alberto Gutiérrez Barbero

La poesía sobre los suspensos y aprobados en la Academia Naval del Mariel

Mientras que como ejemplo de rima consonante la poesía sobre los suspensos y aprobados en la Academia Naval es aceptable, mantengo sin vacilaciones que el verdadero objetivo de cualquier profesor, maestro, instructor, etc. bien sea civil o militar debe ser el enseñar. ¿Es más importante que el alumno sea suspendido o que aprenda la materia que se imparte?

Durante el tiempo que asistí al Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Rió lamentablemente tuve que pasar por las aulas de algunos profesores con fama de suspender a la mayoría de sus estudiantes. Según decían uno era un genio y al menos lo parecía. Por suerte o casualidad pude prevalecer en sus exámenes, aunque en definitiva aprendí muy poco o nada de la asignatura ya que mi esfuerzo lo dediqué a evitar el suspenso rechazando el resto.

Después cuando fui admitido en la Academia Naval mi objetivo era ser navegante, oficial de la Marina de Guerra y servir a Cuba con distinción lo mejor que pudiera. Para sorpresa mía allá encontré dificultades peores a las enfrentadas en el bachillerato. Como si no fuera suficiente el "guillotineo" en los exámenes por parte de algunos oficiales profesores, había que estudiar asignaturas que en la práctica muy bien puedo asegurar que no servían para absolutamente nada en el mar.

Las cosas llegaron a un punto que pensé durar en el centro docente naval lo que "un merengue en la puerta de un colegio". Sin embargo una vez más por suerte o casualidad pude superar la situación, aunque la decepción afectó mi aprendizaje y mis notas. También contrario a otros guardiamarinas , no estaba dispuesto a sacrificar diariamente horas de sueño estudiando para mantener la posición en la que había comenzado.

Sin dudas los alumnos que no aprendan la materia deben ser reprobados. También entiendo que cuando los suspensos son al por mayor es necesario cuestionar la labor del educador sea quién sea, y no del educando. Pero ¡no! en la Academia Naval al igual que en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río habían falsos íconos aplaudidos y aceptados. Y poco importaba el fracaso que demostraban con sus folklóricas listas de suspensos.

Por consiguiente me hice el propósito de que si algún dia se presentaba la oportunidad definitivamente modificaría aquello y mucho más. No obstante bien dicen que "el hombre propone y Dios dispone". Llegó 1959 y todo cambió de mal en peor.

A los pocos guardiamarinas que no nos pusieron en la calle nos cortaron de manera radical las asignaturas que se suponía estudiáramos porque ya no seríamos oficiales navales de la Marina de Guerra Revolucionaria y nos largarían en cuestión de tiempo , aunque ¡aleluya! siempre he aplaudido que me rechazaran .Lo difícil fue el estar expuesto a la constante lluvia de reportes y penalidades , cortesía de nuestro brigadier , y al odio de muchos oficiales "puros" hasta el día en que malamente como miembros de la Promoción Híbrida pudimos terminar lo requerido para obtener el título de piloto de altura o de maquinista naval.

Particularmente yo tuve el dudoso honor de ser castigado al sol al distraerme y no saludar a un oficial "puro" que pasó a unos treinta pies de donde me encontraba. Curiosamente, muchos años después de acuerdo a un rumor que nunca me molesté en confirmar, el "pundonoroso" por un tiempo representó los intereses del tirano cubano en Grecia en compañía de uno de mis ex-compañeros y converso castrista.

Junto al cambio de uniforme, ya que de repente éramos alumnos mercantes, otras "amenidades" fueron la introducción del pasodoble al cruzar el polígono, el comienzo de un ridículo e inefectivo indoctrinamiento político al cuidado del oficial encargado, la obligatoria exposición a los discursos del tirano cubano hasta las horas de la madrugada por medio de la televisión y la rebaja de nuestro sueldo porque ¡ganábamos mucho!.Al mismo tiempo que el segundo comandante en la biblioteca nos obligó a una contribución de cinco pesos para la Reforma Agraria, tengo la vaga impresión de que nos ordenaron firmar algún papel en apoyo a la revolución. También por razones que nunca supimos nos hicieron socios de la Sociedad Pro Arte con base en el Teatro Auditórium de La Habana ,luego de una cantidad deducible del pago mensual.

Allá asistíamos los viernes cuando estábamos de franco bajo la mirada supervisora del brigadier. Y a pesar de que desde muy joven yo había mostrado una gran inclinación por la música clásica, no disfrutaba las presentaciones porque las consideraba algo forzoso y absurdo que nada tenía que ver con la Academia Naval.

Inclusive en una ocasión en que al salir de franco se requirió nuestra presencia si mal no recuerdo en el Circulo Militar y Naval, ya harto de tantas estúpidas imposiciones, no asistí y me marché a Pinar del Río. Dos días más tarde al regresar a la Academia Naval el brigadier para demostrar que yo no había estado presente en el acto, delante de todos en el pabellón donde dormíamos me confrontó preguntando que había sido lo primero en el programa .Yo con impudencia le contesté ¡El Himno Nacional!, provocando las carcajadas de los presentes y por supuesto ganando al mismo tiempo otro reporte.

El Bojeo - el viaje de instrucción en que participamos alrededor del territorio cubano - fue otra especie de castigo. Al ser ya alumnos mercantes se suponía que nuestro entrenamiento sin importar lo elemental, fuera a bordo de buques mercantes. Sin embargo nos embarcaron en el "Cuba" ,aunque a pesar de todo es algo que todavía celebro ya que pude familiarizarme con el histórico crucero que nunca será museo naval como lo soñé. Todos sabemos que la barbarie castrista lo hundió en La Siguanea.

Algo que no me afectó en lo absoluto por considerarlo superfluo y trivial fue que finalmente no se nos permitió la acostumbrada ceremonia de graduación, y tampoco el anillo correspondiente a la promoción .Dos meses después se falsificó la información al menos en el documento de mi licenciamiento.

Hace ya cuestión de dos años supe de la muerte de quien fuera entonces el Director de la Academia Naval. Al parecer ya blanco del Alzheimer murió como un perro atropellado por un auto. No lo celebré, ni tampoco lo lamenté. De acuerdo a como andan las cosas dudo que algún día regrese a Cuba. Pero de estar equivocado no descarto pasar por su tumba en el Cementerio de Colón e imitar el gesto de Winston Churchill cuando en 1945 alcanzó la ribera del Rin.

Cordialmente, Alberto Gutiérrez Barbero

Promoción XV: Mi Versión

Los libros sobre temas que nos gustan son constantes amigos que proporcionan momentos agradables sin pedir nada en cambio. Y lo cierto es que durante mi adolescencia algo de lo leído influyó en mi inclinación hacia la carrera naval. En Octubre 1 de 1957 comencé mis estudios en la Academia Naval junto a otros jóvenes que también habían pasado satisfactoriamente los exámenes requeridos para cubrir 25 plazas de guardiamarinas. Situado en Mariel, Provincia de Pinar del Río, el entonces centro docente más prestigioso de Cuba en el orden militar se destacaba por el Palacio Rubens, el edificio principal, y una singular escalinata .También sobresalían un museo de historia natural y una biblioteca. En cuestión de pocas décadas al empujarse el país hacia el abismo todo aquello serían ruinas.

Casualmente parte de aquellos exámenes habían coincidido con un levantamiento contra el Dictador/Presidente Fulgencio Batista el 5 de Septiembre. Coordinado por el Movimiento 26 Julio de haberse realizado de la manera trazada es probable que hubiera prevalecido. Pero desde la Sierra Maestra el tirano en embrión criticaba a todo lo que pudiera ser un obstáculo a su ambición de poder absoluto. Y pienso que el fracaso en Cienfuegos y el arresto de un número considerable de oficiales navales implicados fué premeditado. Las muertes que causa una reacción oficial siempre son útiles a la oposición que las provoca.

Nuestro preludio como miembros de la Promoción XV en la Academia Naval fué la adaptación al pabellón que compartiríamos con la Promoción XIII -los guardiamarinas superiores. A pesar de haber obtenido Pedro Hoyos las notas más altas, se designó brigadier a Juan Cosculluela, un alumno mercante que también había aprobado los exámenes. Y en definitiva incluyendo los admitidos por decreto presidencial llegamos a ser un total de 40 guardiamarinas. Entre ellos Edward Porro, Carlos Marqués , Teodoro Curbelo y por supuesto Fernando Delgado, quién llegaría a ser un compañero entrañable.

Por varias semanas mi torpeza al ser cabo al frente de una escuadra de mi promoción fué motivo para que miembros de la Promoción XIII me acecharan. Yo amedrentado casi siempre me equivocaba. Pero vencí aquella y otras dificultades que determinaban parte del círculo vicioso de reportes y plantones. También paulatinamente prevalecí durante las inspecciones. Aunque no al bañarnos porque los guardiamarinas superiores nos limitaban el tiempo. Peor aún era después del toque de diana el obtener un espacio frente a un lavabo. Parecía como un favor feudal que nos ofrecían luego que corríamos al objetivo con los artículos de aseo personal. A causa de aquellas carreras circuló una caricatura con una leyenda alusiva a uno de los nuevos guardiamarinas y fuimos confinados al pabellón por dos días, pero el dibujante -otro recién admitido - no tuvo la hombría de confesar su "arte".

Muy pronto los apodos abundaron en la promoción y la caricatura determinó el apodo del aludido. Al yo ser oriundo de la Provincia de Pinar de Río alguien me llamó guajiro y pasé a ser el "Guajiro" Barbero. Nunca lo aplaudí,  pero  por regionalismo lo toleré ya que me diferenciaba de los "civilizados". No obstante deploro aquella licencia propia de una escuela primaria, parte de la idiosincrasia del choteo y falta de seriedad que aún afecta al cubano. Sin siquiera sospecharlo algunos profesores y otros oficiales también adquirieron sobrenombres.

Que durante el día designado para celebrar las novatadas los guardiamarinas superiores entre otras cosas una y otra vez nos ordenaran gritar "cua-cuá" tirados en el piso, o que recibiéramos sus golpes de almohada mientras nos hacían correr por el pabellón, me pareció estúpido. Una de las "geniales" ocurrencias en el polígono fué que yo boxeara con los ojos vendados. Mi oponente también vendado se las arregló para pegarme un rotundo golpe en la nariz. Al quitarme la venda comprobé que en vez de sangre tenía el mentón cubierto de mocos.

No aseguro que en la Academia Naval los excesos disciplinarios de guardiamarinas superiores o de mayor rango se permitieran como una tradición. Pero varias veces en 1957 expuse mi rechazo ante el Alférez de Navío Orlando Delgado, el oficial encargado de los guardiamarinas, por lo que creí incorrecto y me afectaba. En conclusión él me contestó que yo me quejaba mucho y no volví a dirigirle la palabra.

Excluyendo una especie de ropa vieja que le llamábamos "limpia uña" y alguno que otro manjar, la comida en la Academia Naval era satisfactoria. Y el "reenganche" con la cooperación de los camareros se permitía mientras había arroz y frijoles en la cocina. La mayor rigidez se mantenía en las aulas. Dentro de mis limitaciones deseaba llegar a ser lo más competente posible en la carrera naval, y me impacientaba el estudiar mucho de lo que en el mar sería irrelevante .Tampoco me impresionaba que hubieran "íconos" muy doctos, pero incapaces de transmitir con eficacia sus conocimientos. Hay millones de maestros , pero no todos los seres humanos tenemos el don de enseñar con la efectividad necesaria. Y aquél que suspende a sus alumnos "al por mayor" así lo demuestra.

A pesar de que mi aplicación como estudiante disminuyó, exceptuando Higiene Naval, el Némesis de gran parte de la promoción, aprobé las asignaturas del primer año sin grandes dificultades. Luego que nos limitaron las vacaciones de verano para repasar la maldita asignatura yo la pasé "por los pelos", pero tan contrariado como cuando comencé a estudiarla.  También aquel verano al continuar el deterioro del panorama político nacional se canceló nuestro viaje de instrucción alrededor de Cuba. Y para mayor tranquilidad en el pabellón sé graduó la Promoción XIII.

-La Promoción XV comenzó el segundo año de estudios en Septiembre de 1958 reducida por los licenciamientos de los que habían reprobado asignaturas. Perdí mi posición de cabo y francamente no me importó. Los había más inteligentes que yo. Otros sacrificaban muchas horas de sueño estudiando para obtener buenas notas. Cuando fué pertinente traté de mantener con los guardiamarinas de la Promoción XVII las disposiciones de la Academia Naval sin llegar al abuso de autoridad. Espero haberlo logrado. Creo que la disciplina militar simplemente es la obediencia al conjunto de leyes y reglamentos que rigen a los cuerpos armados. El resto sobra.

-En Enero 1 de 1959 el ímpetus revolucionario respaldado por la mayoría del pueblo cubano y el Departamento de Estado en Washington terminó lo que había comenzado el 10 de Marzo de 1952 con una asonada militar. Aunque no descarto las posibilidades de una velada cooperación desde otros sectores extranjeros. Aquella mañana el Capitán de Navío Mario Menéndez , el director de la Academia Naval, pasó por mi lado vestido con una guayabera blanca. En cuestión de horas fué arrestado.
La Promoción XV al igual que casi todos los estudiantes navales se mantuvo acuartelada observando la dinámica de los acontecimientos.  Luego de los cambios de mandos y otros ajustes finalmente obtuvimos un permiso de salida. Ya el color kaki se asociaba a "los esbirros del pasado", y mi breve estancia en la ciudad de Pinar del Río vestido de azul de invierno coincidió con el epílogo de la marcha triunfal del proclamado máximo líder a lo largo del territorio cubano. Dije entonces que aquel era "el mismo perro con distinto collar", pero hoy mirando hacia atrás reconozco que me quedé muy corto en la apreciación.

Los oficiales navales infestados por la fiebre revolucionaria , y en particular algunos que habían sido miembros de la Promoción X de Guardiamarinas y que temporalmente estaban a cargo de la Marina de Guerra, no tardaron en demostrar que también en la Academia Naval la revolución iba de la mano del odio y la venganza indiscriminada. En Febrero 13 la Promoción XV fué simbólicamente fusilada cuando en cumplimiento de la "ley de la Sierra" nos destituyeron como guardiamarinas. Mientras algunos quedaron en la calle, al  resto se nos ofreció la opción de finalizar de manera parcial los estudios junto a seis alumnos mercantes de la Promoción XVI , luego que la "limpieza" también incluyera al 80% de esa promoción y a los guardiamarinas de la Promoción XVII.

En breve los alumnos mercantes de la Promoción XIV lograrían graduarse, pero la facción inclinada a la revolución obtendría la barra de alférez de fragata . De ser posible en cuanto ordene otros de mis pensamientos continuaré con una segunda parte que pertenece a la Promoción ""XVI"", entre comillas dos veces para que no quepa dudas que fué algo forzado, híbrido y consecuencia de nuestra transferencia a la Academia de la Marina Mercante.

Muchos han sido los ejecutados por la revolución y lanzados como cuerpos anónimos en fosas comunes para que no puedan ser identificados. A la Promoción XV le sucedió algo parecido. De acuerdo a la información adulterada en mi certificado de licenciamiento yo fui alumno de náutica, jamás guardiamarina.

Cordialmente
Alberto Gutiérrez Barbero

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